En el sector de Muyuna, al oeste de la ciudad de Tena, existe una piedra que tiene grabada la figura de un águila. Es uno de nuestros tantos petroglifos; guarda una hermosa leyenda.
Hace muchísimos años, cuando Tena aún no se llamaba Tena, llegó a la comunidad un águila que se dedicó a la ingrata tarea de alimentarse de los animales domesticados. Cada vez desaparecía un trompetero, un perico, un mono o una lora. La gente estaba disgustada.
Un día pasó por allí un Chullachaqui, duende bueno de la selva, que caminaba saltando porque tenía un solo pie. Las afligidas madres de familia le conversaron sobre el ave que causaba tanto daño.
Chullachaqui ofreció ayudarlas. Esa noche durmió en la comunidad y muy por la mañana amarró una guanta en el patio de una de las chozas. A eso de las diez de la mañana apareció el águila en el cielo. Cuando divisó a la guanta se lanzó contra ella y la tomó con sus garras.
Ese fue el momento que aprovechó Chullachaqui para atraparla. La tomó firmemente de las patas y haciéndola girar sobre la cabeza la lanzó lo más lejos que pudo.
Lo hizo con tanta fuerza que el águila fue a estrellarse por Muyuna, en una piedra, donde quedó grabada su forma.
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