Hace algunos años administraba la hacienda El Arrayán el señor José Aníbal Cuvi. Esta propiedad, ubicada a cinco kilómetros de Baeza, pertenecía al doctor Belisario Hidalgo, Notario Público Primero de Quito.
En la hacienda se criaba ganado bravo. Un toro de nombre Palomo solía perseguir a los hijos del administrador hasta el patio de la casa. Pero más que Palomo, era una luz nocturna, en forma de mechero, la que causaba temor entre los vecinos del lugar. Unos decían que era el diablo, otros afirmaban que por allí existía un entierro. Vaya usted a saberlo...!
Cuando don José Aníbal Cuvi se tomaba los tragos en Baeza y regresaba muy tarde a su casa, mantenía ruidosas peleas con un ser invisible. Desde lejos se escuchaba gritos y golpes. El caballo se desbocaba y el ginete llegaba todo maltrecho y magullado.
Quién era el enemigo nocturno del administrador? No lo sabemos ya que él jamás lo pudo ver ni tocar, pero estaba íntimamente ligado con las luces de El Arrayán.

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