Antiguamente en la plaza de Baeza colonial existía una acequia que desaguaba en la quebrada Machángara. A la orilla crecían plantas de tomate de árbol.
En las noches de luna los muchanos solían jugar a las escondidas.
Nuestra historia se desarrolla en la época en que era párroco de Baeza el padre Francisco Tramarollo.
Un grupo de muchachos fue a esconderse en la torre de la iglesia. Como nadie los encontraba decidieron regresar a la plaza. En la puerta de la torre se les apareció un joven que tenía una cola bastante larga. Los intrépidos jovencitos se pusieron amarillos, temblorosos y algunos se desmayaron. Se armó un gran alboroto y los papás tuvieron que ir a rescatarlos..
Desde entonces se acabaron las correrías a la torrre... No me creen..? Pueden preguntarles a Víctor Pérez y Jorge Cuvi que estuvieron entre los más asustados
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