En la ciudad de Avila, fundada por los españoles en 1563, vivían algunos familiares del capitán Gonzalo Díaz de Pineda que realizó la primera expedición al territorio de la actual provincia de Napo.
En 1578 los guerreros del cacique Guami quemaron Avila y mataron a todos los españoles. Se salvó un niñita, hija de la señora Elena Díaz de Pineda. Doña Melchora, la indígena que la cuidaba, huyó con ella a la selva y permaneció escondida mientras duró la matanza.
La tomó a su cuidado Quinafa, un indio viejo, súbdito de Jumandy. Le quitó la ropa de blanca y la vistió a la usanza de los quijos, pintándole previamente el cuerpo con zumos hierbas y raíces. La doncella pudo pasar por indígena porque dominaba plenamente el idioma quijo. Quinafa la llevó a su tierra. Se convirtió en una de las sirvientas de Jumandy.
Años después fue rescatada por don Pedro Ordóñez de Cevallos, más conocido como El Clérigo Agradecido.

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