En la comunidad de Putuloma, hoy Santa Rita, Tulumba, anciano que vivió 95 años, solía contar que el cerro Pungali era la guarida de los supayes (cuna huasi). Ninguna persona subía al lugar por temor a convenirse en piedra negra... En la zona abundaban los animales.
Una vez varios cazadores se aventuraron por los senderos del Pungali... Cuando apenas iniciaban el ascenso escucharon un gran ruido... era como si medio monte se precipitara sobre ellos. Asustados corrieron a zambullirse en las aguas de Shicama. Sus abuelos solían decir que esta estrategia siempre surtía efecto para descontrolar a los diablos.
Este descalabro incentivó el coraje de los jóvenes que debidamente organizados decidieron desafiar la furia del Pungali. Mientras subían sus piernas se volvían pesadas.. Cuando escucharon un ruido semejante a un tropel de caballos desbocados, prendieron rápidamente una fogata y sobre ella arrojaron polvo de ají y sal en grano, de acuerdo a un consejo dado a uno de los muchachos por el abuelo, para enfrentar a los diablos y a las boas. La humareda se expandió muchos metros a la redonda.
En medio de la humareda divisaron unos animales parecidos a los osos pero con los colmillos cruzados, como tienen los sajinos. Eran los jurijuri o diablos comedores de gente.
Más muertos que vivos regresaron a la comunidad con el orgullo de haber enfrentado exitósamente a los diablos comegente.
Desde entonces el Pungali es visitado por los cazadores quienes llevan a mano los fósforos, polvo de ají y sal en grano . por si se asoma el jurijuri.

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