La ciudad de Tena ha cambiado con el tiempo. En el parque central, junto al morete de la esquina, donde ahora se estacionan los taxis, existía un pozo. Allí acudían las personas a recoger el agua para las comidas. Allí se lavaba la ropa, los platos y las señoras intercambiaban noticias, chismes y recetas.
En la esquina de la gobernación, en una pequeña casa de madera, funcionaba el correo. Tenía una campana del tiempo de los jesuitas. Esa campana sonaba cuando llegaban los arrieros trayendo los víveres. Sonaba anunciando la repartición del correo. Sonaba cuando había un incendio o era necesaria una reunión. Después dejó de sonar, desapareció la campana y la casa.
Los fines de semana la playa del río Tena se llenaba de canoas que traían los productos del campo: fréjol, palmito, guabas, gallinas, huevos, cañas, avíos, yuca, plátano, caimitos, garabato yuyo, palmitos, chontacuros etc.
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